Amabilis Insania  

RO Galeria de Arte

Junio-Agosto 2010

Curaduría: María Carolina Baulo

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El concepto de Amabilis Insania sale a la luz de la mano de Horacio hacia fines del siglo I A.C en su Ars Poetica; concepto que le permite fundamentar los procesos creativos de aquellos poetas que logran mediante su producción artística, elevar la experiencia del receptor a un grado tal que nos llevan, literalmente, a otra dimensión perceptiva. La “insania” a la cual refiere el autor, representa lo opuesto al mundo donde se refugia el psicótico; Lacan supo definirlo como “pajarera de fenómenos”: un espacio donde no hay coherencia posible y mucho menos se da la posibilidad de elevar la experiencia a grados enriquecedores para el espectador. Por eso la locura del poeta, del artista, actúa como un disparador de sensaciones y nos enaltece.

Artificio, Métrica, Abstracción, Belleza, Ilusionismo, Locura, Inspiración, Sublimidad, Introspección, Numen, Sensibilidad, Aprehensión, Normativa, Imaginación, Arte…Amabilis Insania


Las obras de Mariano González y Camilo Guinot tienden redes en el tiempo y guardan empatía con las palabras del poeta latino. Un trabajo que pareciera ser desquiciante a simple vista, el cual demanda dedicación, rigurosidad, paciencia, sapiencia, disciplina, sistema y una obsesiva tolerancia para el cuidado de los detalles formales relativos a medidas exactas, paleta cromática, relación entre las partes y el todo y fundamentalmente el diálogo entre la idea subyacente y la obra materializada. Ese trabajo - que a algunos puede parecerles “de locos”, a otros puede sugerirles pensar que es un dictado de la inspiración y un tercer grupo puede entenderlo como el numen que define el poder mágico inherente a los objetos más allá de quien lo hizo - es el producto de dos artistas que se someten a una técnica que les es inherente y la cual requiere de ellos un grado elevadísimo de abstracción del mundo que nos es común a todos –la “beatus ille” para continuar con Horacio-, para habitar ese espacio de introspección donde fluyen como solamente pueden hacerlo unos pocos elegidos. González y Guinot son parte de ese grupo de pocos que traspasan las barreras del rapto creativo, porque aun si fuesen ideas susurradas por las musas al oído, ellos han elegido mantenerse prestos y alertas sin descansar en la confianza que da el “genio”; deciden aprehender todo lo que la sensibilidad puede captar y que es invisible a los ojos del común de la gente, entrenan la introspección y la imaginación para finalmente dar forma acabada, casi perfecta en método y estructura y construir una ilusión, un artificio de tal belleza que se nos presenta sublime. Y lo sublime, como categoría estética, tiene el poder de identificarnos al máximo con el artista y su proceso creativo; lo paradójico radica en que obras de un nivel de racionalidad extremo como las que producen Mariano González y Camilo Guinot, son las encargadas de desestructurar en el espectador cualquier vestigio racionalista para transportarnos a ese nuevo plano de la experiencia que prefigura Horacio. Obras que nos enriquecen, nos hacen sentir el placer estético más allá de las formas y nos conectan con el poder intrínseco del objeto el cual cobra vida aun a pesar de los propios artistas.