Bruma Púrpura

CENTRO CULTURAL BORGES

Marzo-Abril 2017

Curaduría: María Carolina Baulo

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Habiendo compartido infinidad de charlas con el artista y conociendo su obra, cuando pienso Bruma Púrpura, no puedo dejar de asociarla con las experiencias propias de la sinestesia. Una persona sinestésica logra ensamblar distintos sentidos en un mismo acto de percepción y quizás sea eso lo que hace eco en mí cuando Charly hace referencia a situaciones donde se le impone la “necesidad de pintar sin posibilidad de negociación alguna: eso que siente, tiene que pasarlo a la tela”. Una pulsión que trasciende lo explicable porque carece de palabras.

 

Bruma Púrpura se le presentó al artista en forma de música y él la asimiló en imágenes; Charly Galuppo vio el sonido y lo pintó. Todo se resume en un corpus de obras que replican una sensación única e intransferible propia de la experiencia individual, la cual es compartida con el espectador. Estamos acostumbrados a construir sentido, a conceptualizar porque no se puede pensar lo que no se puede nombrar. Sin embargo, las obras no se explican –o no deberían explicarse-acabadamente con palabras; se sienten. Y es allí donde se concentra la riqueza, en esa capacidad del arte de generar una efervescencia emocional que no responde al orden de lo inteligible aunque cuando la obra es tal, siempre incomoda, plantea interrogantes y fomenta la reflexión crítica tanto del propio artista como del espectador.

 

Creo que no hay nada que agregar que no esté contado a través de la factura exquisita y virtuosismo técnico que maneja Charly Galuppo. Una obra que se mantiene en sintonía con la esencia del realismo pictórico aun cuando toma sutil distancia de la mímesis clásica, apoyándose en la indefinición como recurso plástico, la fotografía como punto de partida y la mirada velada de las protagonistas que nos invitan a transitar esa “intimidad ajena” que se esconde detrás.