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Amorosidad

DOLORES VALDÉS ART

Febrero 2026

Curaduría: María Carolina Baulo

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Amorosidad —concepto que da nombre a la muestra de Virginia Valdés, Manuel De Francesco y Elia Gasparolo— implica una forma de relacionarse con el otro, con el entorno y con uno mismo, donde prevalecen la empatía, la escucha y un registro afectivo y tierno. Supone una actitud de apertura hacia aquello que proviene más allá de sí, una disposición a dejarse afectar. La obra de estos tres artistas explora modos de amar y de amarse: miran los cielos, miran los cuerpos en diálogo con el otro y se conceden, a la vez, un disfrute personal, una danza íntima e introspectiva ligada a los oficios que los convocan a componer desde el collage, la escultura y el bordado. Prácticas manuales, solitarias y silenciosas que, paradójicamente, se abren al encuentro.

 

La obra de Virginia Valdés parte de la idea de un álbum familiar donde cada pieza da cuenta de vínculos humanos, conformando escenarios que remiten a fotografías de sus integrantes. A veces con límites marcados y otras difusos, contrapuestos o fundidos, los cuerpos conviven en un entorno que muta. Los roles no se fijan: hay gestos heredados, movimientos inconscientes y acciones que interrumpen la secuencia y, en ese desplazamiento, configuran nuevos vínculos con el otro. El proceso es permanente e inestable; la estabilidad la provee el enlace entre las partes, la red de contención que las sostiene. El collage funciona como un acto de ensamblaje íntimo: composición a partir del recorte, del vacío y también del descarte, que se vuelve parte activa de una construcción de sentido siempre en devenir.

 

La obra de Manuel De Francesco avanza con una coherencia que no responde a la repetición sino a una fidelidad profunda a su propio origen. Sus figuras conservan una calidez cercana, un aire de familia que las vuelve reconocibles, aunque esa ternura nunca se presenta sin tensión. Incluso cuando la escena se expone a situaciones límite, la impronta amorosa y gentil del artista permanece. Si bien cada escultura se presenta como cuerpo individual, el sentido se construye en la relación: entre las figuras, en el espacio que comparten y en el vínculo que se establece con el espectador, convocado a ocupar un lugar activo dentro de una dramaturgia silenciosa. Las torsiones, las posturas y las gestualidades corporales hablan más que los rostros; lo que no se explica se intuye, lo que no se nombra se percibe.

 

La obra de Elia Gasparolo se articula en torno a la noción de constelación como sistema de vínculos. A través del bordado y el trabajo textil, la artista traduce fenómenos astronómicos en superficies sensibles, donde el cielo se vuelve un espacio de inscripción del tiempo, la memoria y la experiencia humana. En sus distintas series, la constelación opera como un lenguaje que enlaza astronomía, mito y afectividad. Bordar el cielo es unir puntos, grabar lo ya sucedido y conservar, en el tejido, un conocimiento que persiste y se transmite.

 

Mis propios escritos y lecturas anteriores sobre sus obras me sirvieron de base para abordar esta tarea. Pero es, sin duda, ese gesto persistente —una actitud vital como artistas y, ante todo, como personas— lo que me llevó a sintetizar en Amorosidad una bandera que abraza a Vir, Manu y Elita, y les otorga un sentido compartido de pertenencia.

 

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