Artilugio

UNA OBRA UN ARTISTA

Agosto-Septiembre 2022

Curaduría: María Carolina Baulo

ARTILUGIO.jpg

Muchas veces manifesté que el arte es la madre de todas las mentiras: somos engañados sistemáticamente y nos dejamos atravesar, a pura conciencia, por la experiencia del artilugio. El arte desafía los límites de la credibilidad y lo verosímil pero es siempre una construcción ilusoria, aun cuando ciertas obras parecieran respirar. En el arte, nada es tan interesante como aquello que no es lo que parece; un terreno donde es casi evidente que somos presa de un hechizo que nos conquista. A lo largo de la  historia, dependiendo mucho del capital simbólico reinante, el imaginario social vigente en cada período y todo lo que hace al contexto social y cultural, los artistas buscaron acentuar o develar los recursos aplicados para crear esa ilusión.

 

Artilugio es una instalación de carácter sitio específico pensada especialmente por la artista plástica Mariana Allievi para Una Obra Un Artista. Un trabajo que se apoya en dos pilares: por un lado, se busca potenciar las posibilidades que ofrece un micro espacio cerrado, sin posibilidad alguna de acceso y recorrido por parte del espectador y por otro, un guiño a algunos de esos recursos formales utilizados históricamente que refuerzan o ponen en evidencia -dependiendo de dónde se lo mire- el mecanismo del trompe l´oeil. Para ello, la artista genera un sendero que se va complejizando a medida que las pinturas penetran en el espacio alejándose de la vidriera y se proyectan hacia el fondo de la pequeña sala, creando una suerte de punto de vista ideal que busca acercarse a esa perspectiva artificial que ubica la mirada del espectador en un punto de observación absolutamente privilegiado para “recibir” el impacto de la obra. Lo interesante es cómo, al movernos apenas unos centímetros, la pérdida de ese punto de visión jerarquizado del todo, desdibuja el planteo general y vemos, finalmente, lo que es, más allá de lo que representa: vemos pintura.

 

Mariana Allievi pinta imágenes de naturalezas imposibles, escenarios fuera de foco, veladuras que siempre insinúan un espacio otro que se nos escapa. Y cuando no le alcanza con perforar el plano de la tela, hace jirones sus propias pinturas y las convierte en una enorme trama textil, densa desde la carga matérica, flexible desde sus posibilidades plásticas y liviana desde su percepción visual. Tejidos de colores que respetan una paleta acotada pero están repletos de destellos luminosos, crean una superposición de capas tridimensionales que se despliegan en el interior de la vidriera. Una instalación que, paradójicamente, no puede ser recorrida ni transitada salvo por la mirada y donde el espectador, ante un espacio vedado en su acceso, debe elegir dónde se ubica para hacer foco en el punto más cercano a la perspectiva, o si decide quedarse en los márgenes y explorar la materialidad pura de la obra que se vuelca sobre el vidrio como una telaraña.

 

Ver y creer ver aquello que no estoy viendo, se entrelazan en un juego que me fascina cuando está bien jugado. El arte hace uso de la mentira porque puede hacerlo, porque es parte de su encanto. Lo único verdadero y lo que realmente trasciende son las emociones que agita, en el artista y en el espectador, el Artilugio.