Crepúsculo

MIRANDA BOSCH

Noviembre 2022-Febrero 2023

Curaduría: María Carolina Baulo

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Empezar a caminar hacia lo incierto, avanzar hacia las entrañas del bosque desconociendo el terreno que pisamos, acompañados por una naturaleza que atrae y seduce por su belleza, colorido y magnificencia, genera sentimientos encontrados, emociones primitivas que se ponen en debate cuando la tentación por acceder a aquello que no podemos gobernar y la necesidad de aplacar la curiosidad, se nivelan. Y si este relato de bosques misteriosos va acompañado de la textura visual que ofrece la hora crepuscular, cuando despierta un submundo que parece no existir bajo el rayo del sol, cuando conviven en ese breve pasaje de tiempo los seres diurnos con aquellos que se mueven entre las sombras, cuando el universo despliega su paleta cromática completa en el pasaje de la luz a la oscuridad, entonces todo el relato se tiñe de un encanto mágico.

 

Crepúsculo es el nombre de la instalación especialmente diseñada para desplegarse en las salas del primer piso de la galería Miranda Bosch. Un trabajo de la artista plástica Mariana Allievi, que combina pinturas de formato grande con tejidos producidos a partir de la materialidad misma de telas resignificadas, convertidas en “hilos y lanas” que permiten generar bordados en el espacio, costuras entre plenos de pintura y la flexibilidad de los entramados de las enormes redes que invitan al espectador a acercarse a ellas e intentar transitarlas. Alguna vez dije -y me auto  parafraseo- que la obra de Mariana Allievi atrae por la utilización de múltiples estímulos sensibles que atrapan a la mirada entre formas orgánicas, voluptuosas, circulares, donde la materialidad emerge y se reproduce como un volcán de colores vibrantes en constante ebullición. La pintura lo ocupa todo expresándose a sus anchas con toques propios del arte moderno, donde la atención se focaliza en la supremacía del discurso plástico como tema en sí mismo. Sin embargo, en esta instalación, la artista no solo reflexiona sobre la materia sino que el discurso conceptual toma la posta. El lenguaje pictórico le permite a Mariana Allievi indagar en formas de presentación de sus pinturas que exceden el soporte bidimensional y se vuelcan en el espacio. Es la pintura  el referente y el punto de partida siempre; es la pintura la que le da cobijo y le ofrece consuelo y es la pintura la que le brinda el empuje necesario para avanzar por esos caminos misteriosos sabiendo que, con ella cerca, no hay porqué tener miedo.

 

Crepúsculo se desarrolla en ese intersticio donde las tentaciones y los miedos se tocan, así como el día y la noche. Es un trabajo donde la artista hace material una emocionalidad que se ve representada especularmente en la obra aunque con otro lenguaje que no es posible descifrar en su totalidad, aunque se intuye y desde ahí podemos aventurar las interpretaciones. Es esta una obra que la desafía a ella como artista pero ante todo como persona porque la obliga a atravesar ese follaje de colores levemente cálidos que se van atenuando a medida que se avanza, haciéndose más densos, más oscuros y más silenciosos acorde se acerca a su  esencia. Y en ese punto profundo, la negrura de la noche tras el crepúsculo, estalla de luminosidad; allí todo se gesta para quien le da tiempo, desde allí todo emerge, todo nace. Crepúsculo pone de manifiesto ese transmutar, ese paso que lleva de un lado al otro del portal y donde la única certeza con la que Mariana Allievi cuenta, es con que su pintura, sea lo que sea que vaya a recibirla del otro lado, la estará protegiendo, siempre.