Lic. María Carolina Baulo
Historiadora del Arte, Curadora
Producción y Gestión de Proyectos Creativos
Art Historian, Curator
Production and Management of Creative Projects
Encarnación de la memoria
PASAJE 865
Noviembre 2026
Curaduría: María Carolina Baulo

Encarnación de la memoria es un concepto que, al pensar la obra de Florencia Castaldo, me lleva a ese lugar donde ella encuentra en la pintura un refugio, un recurso para la inscripción de recuerdos, de momentos, de situaciones. Con el paso del tiempo, paradójicamente, la memoria olvida. No siempre como un vacío conceptual, sino como una suerte de limpieza que habilita la aparición de nuevas capas de vivencias que se superponen a otras, tal vez desplazando algunas y permitiendo así seguir adelante. Sin embargo, al reencontrarse con esas obras realizadas en otros tiempos, algo se activa en la artista. Las experiencias no regresan únicamente como imágenes, metáforas o anécdotas. Vuelven también los olores, las situaciones puntuales, las sensaciones y hasta el instante mismo de la ejecución de la pieza. En este sentido, la obra de Florencia Castaldo puede pensarse como una guardiana de la memoria: no porque conserve intacto aquello que sucedió, sino porque contiene la posibilidad de hacerlo presente una vez más. Y si de recordar se trata, ese “volver a pasar por el corazón” -del latín recordari- la memoria se encarna en cada una de esas pinturas. Se inscribe en la materia pictórica y permanece allí como una presencia latente, a la espera de ser nuevamente activada.
Hay, además, otra dimensión que aparece con fuerza en la obra de Florencia Castaldo: la cantidad. La multiplicidad de viajes, traslados y experiencias vividas parece encontrar un correlato en la multiplicidad de obras que produce. Una producción que por momentos alcanza un verdadero desborde, compatible con esa pulsión del hacer que en ella aparece como una condición particularmente intensa de su práctica artística. Florencia es pintora, y lo es en múltiples soportes y a través de distintas técnicas, pero más allá del procedimiento o del material elegido, existe una constante que atraviesa toda su producción: la necesidad de producir, de dejar una marca, de transformar la experiencia en materia. La cantidad es también fiel reflejo de esa expansión de lo vivido, de las imágenes, superficies, gestos y colores vistos; como si el hacer fuera una manera de procesar el paso del tiempo y de darle un lugar a aquello que, de otro modo, podría perderse.
Un dato notable dentro de esa enorme cantidad: la identidad de la artista permanece. Como esa idea asociada a Matisse: la pincelada del artista como aquello que, aun atravesando diferentes momentos y transformaciones, permite reconocerlo; en cada obra, incluso en aquellas más distantes entre sí, hay algo que se sostiene: una manera de mirar, de construir, de hacer.
Encarnación de la memoria da cuenta de esa comunión, de ese lugar seguro que preserva la historia de Florencia y al cual ella accede cuando se rodea de sus guardianas pictóricas.