Territorios Humanos - María Elena Kravetz

Junio-Julio 2010

Curaduría: María Carolina Baulo

flyer final.jpg

Los espacios que nos rodean son aquellos que conformamos al interactuando. Los espacios son múltiples, cambiantes, particulares y se adaptan a las necesidades y estados de ánimo de las personas. Son espacios que construimos para que nos alberguen y muchas veces, sin quererlo o sin saberlo, los afectamos y distorsionamos con nuestra sola presencia…o ausencia. Y la fotografía es fiel testimonio, recorte de una realidad que se conforma en esa relación entre los espacios y nosotros.


La obra de Sebastián Varin evidencia la naturaleza en su aparente estado puro, inmutable y trascedente; lo ajeno a la mano del hombre. Sin embargo es el hombre quien la captura en imágenes y quien la afecta al participar de su microcosmos alterando su flujo vital.


Javier Flores fotografía espacios urbanos y espacios íntimos, cotidianos, relevantes por su simpleza y el aura nostálgica propia de aquello que fue abandonado por la presencia humana. Espacios que se perciben vacios si no son habitados, las soledades del ocio, como el artista suele llamarlos.


La propuesta de Eva Fisher se vincula con el espacio onírico, los lugares que transitamos en los sueños, los dibujos de luz que hacemos con la mente cuando estamos en ese estado de ensoñación que nos permite fantasear con solo mirar hacia el cielo o a través de una ventana y nos entregamos al poder de la imaginación y la creatividad.
Rita Simoni relaciona su trabajo con lo que dejamos a nuestro paso, los despojos, los espacios residuales que denotan el paso del hombre y resaltan su marca en el camino, su huella. Espacios que conservan la experiencia vivida pero ya no esperan ni anhelan un retorno - como ocurre en los casos anteriores -, sino que aceptan su destino y registran una realidad que puede, eventualmente, convertirlos en otra cosa.


La idea que vincula a estos cuatro artistas, fotógrafos que manejan la fotografía digital e intervenida (con pintura, con técnicas digitales, etc), es mostrar un abanico de lugares comunes de encuentro – mediados por la visión particular de cada uno de los artistas, sus elecciones y sus selecciones de la realidad-, de territorios netamente humanos aun sin que estemos físicamente en ellos; espacios que están en nuestros naturaleza, nuestro día a día, nuestra mente y las historias del pasado, presente y futuro. Por que nadie en su sano juicio puede habitar uno sin el otro, porque quedaríamos aislados, alienados en los recuerdos, perdidos en los sueños o detenidos en el tiempo. Los territorios humanos son todos y son uno, se construyen y deconstruyen con el movimiento propio de la vida y la fotografía logra retenerlos para la eternidad en un instante; es exactamente ese movimiento el que se adueña de las obras y aparece en un primerísimo primer plano diciendo presente.