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Vapor

PALACIO DE LAS AGUAS CORRIENTES

Marzo-Mayo 2024

Curaduría: María Carolina Baulo

Nada vital escapa a la necesidad de estar cerca, consumir, dejarse atravesar de alguna manera, por el agua y los efectos que provoca su sola existencia en cada ser que habita esta Tierra. El agua, en todas sus formas, nos brinda una multiplicidad de posibilidades que van más allá de lo inmediato y concreto que es mantenernos con vida. El agua potencia nuestra energía, es un conducto directo de electricidad a nuestro sistema nervioso. El agua cobija nuestros órganos, irriga todo nuestro cuerpo hermanándonos con el devenir de la naturaleza que la produce. Constituye ella, junto con el aire, los pilares que no pocas veces solo registramos cuando, al menos por segundos, nos faltan.

 

Vapor intenta hacer honor, de la mano de las delicadas, sutiles y elegantes  obras de las artistas Marcela González y Celeste Martínez Abburra,  a uno de esos estadios del agua donde el líquido da lugar a un tercer momento en el camino hacia la desmaterialización del sólido, para tomar entonces el aire y manifestarse en la humedad que nos recuerda su presencia. Una densidad que no es solamente parte de la rueda del ciclo lógico de pasaje de estados sino que también alude a un poder cuasi invisible de ese líquido transformado en una masa inaprensible. Un poder que la Revolución Industrial supo utilizar y, literalmente, propulsar el avance de las máquinas y la capacidad productiva de la humanidad, cambiando el paradigma vigente para siempre. 

 

Marcela González habla de encarnaciones en agua, de vasos comunicantes que definen las lógicas internas que nos gobiernan, como las aguas de las mareas que son influenciadas por los mensajes “susurrados” de la Luna. Celeste Martínez Abburra habla de diálogos entre el aire y el agua, acercándonos a territorios del orden de lo intangible. En ambos casos, la observación que hacen las artistas, se propone vincular al agua con ese fluir que suele ser metáfora del paso del tiempo, como el cambio del sólido al líquido y luego a lo etéreo de lo gaseoso, como manifestación de la única constante indiscutible: lo inevitable de la transformación,  del cambio. Ambas dan cuenta en la instalación inmersiva Vapor, de su mirada sobre lo inmaterial,  lo invisible, el silencio, la importancia del espacio y el muchas veces aparente vacío que se transforma en protagonista necesario de la experiencia.

 

Vapor es agua, como nosotros. Y al recorrer la muestra, invitamos al espectador a experimentar esas transformaciones en su cuerpo. A sentirse uno con las obras que señalan las entrañas de la vida misma.

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